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viernes, 23 de enero de 2009

¿Armaos los unos a los otros?

Zona de Tolerancia

Ganamos justicia más
rápidamente, si hacemos
justicia a la parte contraria.
Mahatma Gandhi

Por Rodrigo Vidal


Era de esperarse -pero desde mi punto de vista, no es de aplaudirse-, la aparición de grupos ciudadanos dispuestos a tomar justicia por sus propias manos, como el Comando Ciudadano por Juárez (CCJ), que debutó el pasado 15 de enero, al menos vía Internet, en un comunicado que llegó a los correos electrónicos de varios medios de comunicación.

“Más vale la muerte de una mala persona, que ésta mala persona continué contaminando a nuestra región y el CCJ funciona con participaciones financieras de parte de los empresarios afectados y nuestra misión es terminar cada 24 horas con la vida de un criminal”. Así decía ese correo que recibieron y difundieron los medios de comunicación.

Preguntando aquí y allá, amigos y conocidos dicen estar a favor de la venganza social como respuesta al fracaso de las acciones de los gobiernos, Federal y estatales, contra la delincuencia organizada, y desorganizada. Es más, piden que primero acaben con los políticos, jueces, ministerios públicos, policías, y todo aquel funcionario público corrupto, incapaz de brindar e impartir justicia y hacer lo contrario.

Esa frustración de saber y ser testigos de cómo crece la impunidad y la delincuencia, hace que en nuestras mentes nos pase por algún momento ese deseo de venganza, de acabar con los delincuentes en nuestro país. Y varios políticos –que no cantan mal las rancheras en esto de delinquir-, aprovechan ese sentimiento y lanzan campañas como la de reinstaurar en México la pena de muerte. Justo como lo hace el Partido Verde Ecologista, ¿el partido de la vida?

Es natural que al sentirse amenazado, alguien busque defenderse. Dentro de la estructura en la que funciona la sociedad, corresponde a las autoridades otorgar esa seguridad pública a todos los ciudadanos. Pero en México, en ese renglón ya están reprobados. Entonces, ¿lo que sigue es la venganza? ¿la justicia por propia mano?

Con todo y el oscuro panorama, me atrevo a decir que no. Esa tampoco es la solución. Como mexicanos tenemos muchas “armas” de las cuáles valernos, y están en nuestras leyes. El problema es que poco o nada las conocemos, y de ahí se aprovechan quienes nos gobiernan para mantenernos en el oscurantismo, por ejemplo ¿sabían que hasta los mismos retenes policiacos, y ahora del Ejército Mexicano, son anticonstitucionales?

La movilización social es otra “arma” que tenemos para exigir que se haga justicia en México. No es utopía. Una solución por esta vía se vislumbra lejana, pero más lejana será mientras no iniciemos. Mientras la mayoría prefiera saber lo que pasa con los personajes de su novela favorita que lo que le ocurre a sus vecinos, no tendremos solución a nada.

Mientras estamos indiferentes a la injusticia que se comete contra los demás, tejemos nuestro propio infortunio, pues tarde o temprano la injusticia nos alcanzará y nadie nos va a socorrer.
La preparación será siempre nuestra mejor arma, y la toma de acciones, alejadas de violencia, nuestra mejor estrategia para enfrentar las injusticias, la violencia, la delincuencia y la corrupción.

Debemos rechazar todo acto “cívico” de venganza sustentado en la ilegalidad, como el caso del CCJ, pues tan criminal es el asesino como el que lo asesina. “Ojo por ojo, y el mundo acabará ciego”, dijo Mahatma Gandhi, y debemos darnos cuenta que justo eso está ocurriendo.

O ¿será que estamos por cumplir el ciclo, mesiánico, de estallido social armado cada 100 años en México?... de ser así, eso sería el próximo año ¡Ay, nanita!

Comentarios, quejas, sugerencias, aquí abajo:

lunes, 3 de noviembre de 2008

¡Penal!

Zona de Tolerancia

Por Rodrigo Vidal


Ya no es cuestionable. Definitivamente los penales del país perdieron el sentido de rehabilitación y reincersión social establecido en las leyes. Ninguno se salva. Incluso, el panorama es todavía peor: las condiciones que prevalecen en los centros penitenciarios son de corrupción de autoridades, compartida con los presos y familiares de internos; de hacinamiento, operación de mafias internas –con permiso de las direcciones-, que lo mismo controlan la alimentación, el acceso a la salud, las visitas conyugales, mejores celdas, las faenas de limpieza, entre otros aspectos de la “vida” en el penal.

Esa operación de mafias se extiende al exterior de la cárcel, mediante el uso de teléfonos celulares para la extorsión telefónica. Son el mejor caldo de cultivo para la ilegalidad, la delincuencia y el delito.

La condena para los que cometieron un delito está más al nivel de la venganza que de la rehabilitación de los infractores. Incorporan al delincuente en un sistema de mayor delincuencia y los hacen mejores criminales (o peores, según la perspectiva). Lejos de aislarlos, bajo el supuesto de alejarlos de la sociedad, les permiten continuar con su carrera delictiva.

Casos como los penales supervisados por la Comisión Nacional de Derechos Humanos, Oriente, Sur y los penales femeniles de Santa Martha y Tepepan, donde evidenciaron la red de privilegios que tienen algunos reos; o los motines que se presentaron en los penales de Reynosa, Tijuana, Culiacán, Monterrey y Zacartecas, el mes pasado, son muestra clara de las consecuencias de la actual forma de operar de los penales en el país.

Poza Rica no es la excepción. Constantemente, a lo largo de los años y con el paso de diferentes directores, los familiares de los internos denunciaron cómo ejercen el poder en el interior del reclusorio. Se trata de un penal regional que nace como cárcel municipal con capacidad para 30 personas y en ocasiones ha albergado hasta 300. Las denuncias públicas sobre el pago de prebendas dentro del penal son diversas. Hay que pagar lo mismo para evitar hacer faenas o para sostener relaciones sexuales. El verdadero control se ejerce dentro de las celdas y no en la dirección, que sólo se convierte en cómplice.

Pero queda claro que poco o nada sirve la denuncia pública. El poder que crea la operación de un penal es mayor, que reduce cualquier tipo de reporte periodístico y ya ni se diga la propia queja de un familiar. Como en muchas cosas, mientras no se decidan a terminar con la corrupción dentro de los penales y reestablecer el fin primario de rehabilitación de los internos, situaciones como el pago de privilegios y los motines, se repetirán una y otra vez.

Bienvenido paisano
Ni la federación, ni los estados (ninguno, incluido Veracruz), están preparados para recibir al menos a 1.5 millones de mexicanos que actualmente viven en los Estados Unidos (según cifras de la Asociación de Mexicanos en el Exterior), y que serán expulsados producto de la crisis económica que vive el vecino país del norte.

Eso de que nadie ha hecho nada al respecto lo dijeron dos senadores el pasado fin de semana, al exponer que ni el Gobierno Federal, ni alguno de los 31 estados del país, ha diseñado la estrategia para emplear a toda esa cantidad de mexicanos que estarán de vuelta.

Dejavú
Trabajadores al servicio de empresas trasnacionales que se encargan de la explotación del petróleo en nuestro país, se quejan de las condiciones laborales en las que se desempeñan. Carecen de las condiciones de seguridad e higiene que marca la ley, por lo que las empresas incumplen con las normas laborales vigentes. Las grandes empresas contratan a pequeñas que a su vez contratan a los trabajadores para no generar derechos con ellos. Se establecen contratos por un mes aunque las obras tengan mayor duración y así negar prestaciones. Los obreros son dados de alta en el Seguro Social con un salario por debajo del que en realidad perciben. Tampoco tienen derecho a asociarse para exigir el cumplimiento de los contratos.

Esta información se publicó ayer en Diario de Poza Rica, no vaya a creer que se trata de una nota anterior a la expropiación petrolera, donde las condiciones de los trabajadores eran similares.

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